Kitesurfing en Sal, Cabo Verde. Cuaderno de viaje. Último día.

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Ya hemos pasado una semana aquí en Cabo Verde y no nos hemos dado cuenta. Estar todo el día en bañador, camiseta y chanclas en pleno diciembre se nos ha hecho raro.

Dejamos para el último día el tour por la isla. Nos habían recomendado “Blinkys tour”. Si lo buscáis en Facebook veréis que tiene un montón de buenas críticas pero desgraciadamente tenían todo reservado hasta la semana siguiente. Así que decidimos buscar un taxi e ir a la aventura.

Paramos un taxi en la calle y le propusimos que nos hiciera el mismo el tour por la isla. Nos dijo que no había ningún problema. Arreglamos el precio en 60 euros y salimos hacia Ponta Preta.

Habíamos pasado ya 5 días en la isla y aún no habíamos visitado uno de los mejores spots de olas del mundo. No podía aguantar más. Para mi sorpresa, nada más llegar, nos encontramos a Mitu surfeando. No había nada de viento en la isla por lo que había decidido hacer un poquito de surfing. La previsión de ola que marcaba windfinder era de tan solo 1.7 metros pero allí había más ola. No sabría decir cuanto pero yo creo que algo más de 2 metros. Arriba tenéis un vídeo de Mitu surfeando una de las olas de Ponta Preta. Si os gusta el surfing tenéis que visitar este spot.

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Ola de ponta preta

Después de un rato allí nos dirigimos hacia Murdeira. Una especie de resort para europeos con mucha pasta. Otra liga. La verdad es que no tiene mucho encanto. Casas modernitas como las que podemos ver en cualquier lugar de España.

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Resort de lujo en Murdeira

Seguimos subiendo por la costa oeste dirección norte hasta llegar a la capital de la isla. Espargos. Aquí cambia la cosa. Solo ves caboverdianos andando por las calles. De vez en cuando pasa algún turista medio despistado con pinta de ir buscando algo. Esta es la parte más auténtica de la isla. Se respira Cabo Verde.

Subimos por una pendiente muy elevada hasta un mirador en lo alto de la ciudad. No recuerdo el nombre. Vaya memoria. Allí había varios tour operadores cargados de blanquitos. Habían ido a ver lo mismo que nosotros. Es curioso. Desde lo alto podía apreciar casas casi caídas y justo al lado edificios más lujosos. Qué raro. No he llegado a comprender por qué será así. En Sal pasaba lo mismo. Las chalets lujosos con BMW en la puerta compartían la calle con las casas más cochambrosas.

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Vista panorámica de Espargos.

Teníamos que ver el puerto de Palmeiras. Esa fue la siguiente parada. Palmeiras es un pequeñito pueblo de pescadores. El taxista nos llevó justo al puerto. Varios barcos pequeñitos estaban descargando pescado en ese justo momento. Otra avalancha de tour operadores cargados de europeos rondaban los barcos donde se subastaba el pescado. Y como no, vendedores de souvenirs por doquier.

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Puerto pesquero de Palmeiras

Andando por el puerto encontramos más de un bar de esos pequeñitos llenos de pescadores jugando a las cartas a la puerta y bebiendo Kriola. No me quiero imaginar lo bueno que estaría un pescado a la brasa ahí. Por desgracia no tuvimos ocasión de probarlo. Era muy temprano aún.

Piscina Natural de Boracona. Esta era la siguiente parada. Nada más llegar tuvimos que pagar 300 escudos por persona para entrar. El sitio como podéis ver en las imágenes, merece la pena. Es una pasada. Había un montón de arañas súper grandes por todos lados. Me acordé de mi Carlillos. Le habría encantado verlas. 😉  En Boracona te puedes bañar por lo que es interesante traerte el bañador. Hay una poza muy chula.

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Piscina natural de boracona

Cogimos una pista desértica para ir a la siguiente parada. La carretera era acojonante. Me recordaba  a los caminos que había leído en los libros de Miquel Silvestre. Parecía  su África. En no más de 30 minutos habíamos llegado a las salinas de Pedro de Lume. El sitios es increíble. Ahora hay que pagar 5€ por persona para entrar. Merece la pena. Estas salinas se han formado naturalmente en el cráter de un volcán. En 1600 y pico los barcos que iban hacia las américas y los que volvían de ellas cargaban sus bodegas de esta sal para poder mantener los alimentos que llevaban en la travesía o para venderla a su llegada a Europa. Lo curioso es que no pagaban ninguna tasa por apropiarse de la sal. Por lo que no repercutía ningún tipo de beneficio sobre la isla. Actualmente la mina está en uso como atracción turística. Las dos principales fuentes de ingresos de sal son el turismo y la pesca.

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Salinas de Pedro Lume

En las salinas os podéis bañar por lo que nuevamente vais a necesitar el bañador. Allí podréis pasar todo el rato que queráis flotando como en el mar muerto. Cuando estéis hartos de baño podéis quitaros la sal en unas duchas de agua dulce. En algo tendría que ir el precio. Hay un restaurante dentro del cráter. No nos detuvimos a comprobar lo que había allí. Ya nos hacíamos una idea. Por el contrario le dijimos al taxista que nos llevara a comer al sitio donde iría con sus amigos en Espargos. Y así hizo.

Antes de nada tengo que decir que aquí cometí una nueva cagada. Como el hambre apremiaba el taxista se saltó la visita a los tiburones limón. Si habéis visto algún vídeo de isla de sal, comprobaréis que hay un sitio donde un chico echa de comer a tiburones limón. Por lo visto se te acercan bastante.

Para compensar lo de los tiburones nos llevo a un restaurante bastante curioso. Eramos los únicos blanquitos del lugar. Aquello estaba lleno de mulat@s. Por 10€ comimos los 3 un pescado a la plancha con arroz y patatas y un refresco. El precio no tenía nada que ver con los sitios de Santa María.

Aquí tengo que hacer otra pequeña reflexión. El primer día en Santa María tuve la sensación errónea de que los precios en Cabo Verde son como los de España y esto es no es cierto. Por más veces que me pasa no aprendo la lección. No puedes juzgar algo en un día. Ni siquiera en una semana. De todas formas. Después de 7 días allí tengo claro que los supermercados son caros. 2 o 3 veces más caros que en España. La fruta es cara según donde y quien la compre. A mi una bolsa de fruta en España me suele costar de 8 a 10€. La misma bolsa aquí me salió por 22 euros. El taxista nos compró un kilo de plátanos y no le costaron ni 1 euro y medio. Como veis depende de quién lo compre y donde. Comer en la calle en Santa María no es para nada caro. Tenéis que ir a varios sitios. Uno de los que más nos ha gustado ha sido el Café Creolu. El sitio preferido de Mitu para comer atún a la caboverdiana. Comer 2 personas allí no cuesta más de 20 euros. Justo al lado hay una bar con una barbacoa también muy baratito y que está riquísimo. Pasad de tripadvisor. Dejaros llevar. Vais a encontrar fácilmente sitios muy variopintos y encantadores.

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Cafe Creoulo – Santa Maria – Isla de Sal, Cabo verde

Se acabó el tour. Después de la comida el chico nos llevó a Santa María. Hicimos una pequeña parada en Kite Beach porque queríamos comprobar que no había viento. La gente estaba navegando con 17 metros. Puff, nos fuimos para casa.

Llegamos con un montón de calor así que decidimos bajar a bañarnos a la playa que hay justo debajo de casa. En frente del Josh Angulo Center. Unos chicos se entretenían haciendo surf en una pequeñita ola que se formaba en esa línea de playa. Otros se peleaban con su vela de windsurf para difícilmente arrancar la planeada. No había viento. Unas señoras europeas se bañaban justo al lado nuestra y una pareja de blanquitos se pegaba el lote un poquito apartados de la multitud. Este es el encanto de Cabo Verde. Eso que le eché en falta a Marruecos. Aquí cada uno puede hacer lo que le parezca. Con educación y respeto. Faltaría mas.

Llevábamos ya 7 días en la isla y aún no habíamos probado la cachupa. El plato típico de Cabo Verde. Una mezcla de judías, maíz, huevo y chorizo. No era hora de tomarlo. Ellos lo suelen comer para desayunar. Nosotros lo pedimos a las 8 de la tarde. Lo acompañamos con 1 litro de Strela. Qué rica está esta cerveza. Nos fuimos pronto a dormir. Nos esperaba un día duro.

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Cachupa

Aldo, el dueño del apartamento vino puntual a revisar la casa. Todo bien. Nos devolvió la fianza y nos despedimos cordialmente. No habla una palabra de inglés ni de español. Nosotros tampoco hablamos italiano pero nos entendemos. Todo ha estado muy bien. “Grazie mille” y hasta la próxima.

El taxista del día anterior estaba esperándonos a la hora acordada para llevarnos al aeropuerto. En poco más de 15 minutos estábamos en la cola de facturación. La chica de la TAP pone pegas para facturar mi boardbag. Me dice que pesa 29 kilos. Yo le digo que la web de su empresa pone que los sportbag pueden medir hasta 140 centímetros y pesar hasta 32 kilos “free of charge”. Me dice que vale. Factura la maleta y a la cinta. Espero que llegue a Málaga.

El avión despega con una hora de retraso. Veremos a ver si cogemos la escala. Ahora mismo, desde el cielo, voy escribiendo esta nota esperando que a alguien le pueda servir para algo. Ha sido un viaje muy bonito. Con alegrías y con disgustos. Más de uno. Aunque con el tiempo solo quedará lo bueno. Si os gusta el agua tanto como a mi, tenéis que venir. Si tenéis hijos tenéis que venir. Si os gusta el wind, kite o surf, tenéis que venir.

Y ya está. Pasó una semana. Todo lo bueno llega a su fin, si no, sería aburrido.

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Cabo Verde, No Stress.


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